Aprendizaje Organizacional

Construcción Social de la Percepción del Riesgo

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construcción social de la percepcion del riesgo

Durante décadas, la prevención de riesgos ha tendido a explicar los accidentes poniendo el foco casi exclusivamente en quién ejecuta la tarea. Bajo esa lógica, la pregunta habitual ha sido: ¿qué hizo mal el trabajador?

Sin embargo, existe otra forma de comprender el fenómeno. Una perspectiva más amplia reconoce que la decisión de asumir o evitar un riesgo no surge únicamente de una elección individual. La percepción del riesgo se va formando día a día a partir de las experiencias, los mensajes, las relaciones y las señales que entrega la organización.

En otras palabras, la percepción del riesgo es, en gran medida, una construcción social.

Toda empresa es mucho más que un conjunto de procesos, procedimientos y organigramas. Es un sistema social donde las personas aprenden constantemente qué conductas son realmente valoradas, cuáles son toleradas y cuáles generan reconocimiento o consecuencias.

Existen normas escritas —procedimientos, estándares y reglamentos—, pero también normas invisibles que terminan teniendo una enorme influencia sobre el comportamiento. Son acuerdos tácitos que se construyen mediante pequeñas acciones cotidianas: aquello que los líderes permiten, corrigen, premian, ignoran o simplemente dejan pasar.

Es precisamente en ese espacio donde comienza a moldearse la percepción del riesgo.

Dentro de una organización existen distintos actores que influyen, en mayor o menor medida, sobre la forma en que los trabajadores interpretan el riesgo. La alta dirección, los ejecutivos, los supervisores, los propios compañeros de trabajo e incluso la empresa mandante —en el caso de empresas contratistas— envían permanentemente señales acerca de qué es realmente importante.

Estas señales terminan influyendo en aspectos tan diversos como la calidad del trabajo, el compromiso con los estándares, el cuidado por los detalles y, especialmente, en el nivel de riesgo que una persona está dispuesta a aceptar durante la ejecución de sus tareas.

Para comprenderlo mejor, imaginemos nuevamente un accidente. En lugar de preguntarnos únicamente por qué el trabajador se expuso a un riesgo no controlado, podríamos preguntarnos qué señales recibió previamente desde la organización.

Desde la gerencia, quizás el mensaje sobre el cuidado de las personas existía, pero nunca logró transformarse en una prioridad visible. Tal vez se habló de seguridad en reuniones, pero las decisiones diarias, los indicadores de gestión o las conversaciones relevantes siguieron privilegiando exclusivamente la producción. En las organizaciones, las personas suelen creer más en las decisiones que en los discursos.

Desde la supervisión, pequeñas acciones pueden modificar profundamente la percepción del riesgo. Un estándar que un día se exige y al siguiente se tolera, una desviación que no se corrige, una frase como "hagámosla corta que estamos atrasados" o la falta de escucha frente a una preocupación operacional comunican un mensaje poderoso: que, bajo determinadas circunstancias, el riesgo es aceptable.

Desde el propio trabajador, la percepción también se construye a partir de su historia personal, de sus experiencias previas y de la formación recibida. Es posible asistir a numerosas capacitaciones técnicas sin desarrollar una verdadera convicción respecto del valor de proteger la propia vida, el proyecto familiar o el futuro personal. Cuando la prevención solo transmite procedimientos, pero no logra conectar con el sentido profundo del autocuidado, su capacidad de influir disminuye considerablemente.

Lo relevante es comprender que ninguno de estos factores actúa de manera aislada. La percepción del riesgo emerge de la interacción permanente entre personas, liderazgo, cultura, experiencias y contexto organizacional. Cada conversación, cada decisión y cada conducta observable aporta información que los trabajadores utilizan para interpretar qué riesgos vale la pena asumir y cuáles no.

Por eso, modificar la percepción del riesgo no consiste únicamente en capacitar mejor a las personas ni en aumentar la cantidad de controles. Implica intervenir el sistema social que rodea al trabajador. Significa alinear los mensajes con las decisiones, lograr coherencia entre el discurso y las acciones, fortalecer el liderazgo cotidiano y construir una cultura donde el cuidado de las personas sea visible en cada nivel de la organización.

Cuando comprendemos que la percepción del riesgo se construye socialmente, también entendemos que la seguridad deja de ser responsabilidad exclusiva del trabajador y pasa a convertirse en una responsabilidad compartida por toda la organización.

Porque las personas no solo trabajan siguiendo procedimientos. También trabajan interpretando las señales que reciben todos los días. Y son esas señales, muchas veces invisibles, las que terminan definiendo el nivel de riesgo que consideran aceptable.


Dery Escobar Vargas - CEO DE Consultorias.